Caso de Éxito: Aislamiento de adosado en Pamplona
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Nos desplazamos hasta una adosada en Pamplona de principios de los 2000, y nada más llegar pudimos apreciar que había muchas más capas de lo habitual.
Hicimos un análisis térmico al completo: pudimos apreciar que las fachadas tenían 5 cm de poliuretano proyectado, sumado además a una cámara de aire adicional de entre unos 5 y 8 cm que no estaban siendo aprovechados. En los falsos techos de la planta superior, había una manta de fibra de vidrio de 8 cm y una cámara de 15 cm separada por el pladur. Las medianeras también tenían la cámara de aire libre. O sea, una vivienda que ya tenía un aislamiento instalado de base, pero con bastante margen de mejora por explotar.

Con todos esos datos ya estudiados, diseñamos una solución pensada para convivir con la base que la vivienda ya poseía sin necesidad de cambiarla: insuflaríamos lana de roca ROCKWOOL en todas las cámaras de aire que tuviésemos disponibles — fachadas, medianeras y techos.
La ventaja de este tipo de intervención es que se rellenan espacios que ya existen, así que no hay necesidad de obra y los propietarios no tendrían que mover ni un dedo.

Protegimos los suelos, muebles y elementos decorativos de las estancias donde íbamos a trabajar. Organizamos la intervención por fases para no afectar de golpe al día a día de la familia. Gracias a nuestra metodología no invasiva, no hubo necesidad de mover muebles grandes ni dejar la obra visible en ningún momento.

Una vez insuflamos la lana de roca en las cámaras de aire mediante perforaciones pequeñas, colocadas en puntos muy concretos, las tapamos y rematamos para que no hubiese distinción del cambio. La lana de roca que usamos aquí destaca por tener un comportamiento térmico excepcional, además de su durabilidad y propiedades ignífugas — algo que en una vivienda con tantas cámaras (fachada, medianera, techo) se agradece, porque es un material que no va a perder rendimiento con los años.

Una vez que todo estaba instalado, hicimos una revisión térmica y visual para poder confirmar que las cámaras habían quedado rellenadas y selladas de una en una. Las perforaciones se remataron cuidadosamente, dejando así las estancias tal y como estaban antes. Y el resultado, al final, es que una vivienda de más de 20 años queda con un nivel de aislamiento comparable al de una casa construida hoy mismo — con la mejora en confort y en factura energética que eso trae consigo.

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