Caso de Éxito: Aislamiento Fonoabsorbente en Restaurante en Calahorra
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Nos llamaron desde un restaurante en Calahorra que tenía un problema serio de ruido ambiental, sobre todo en las horas de más gente. Tanto que los propios comensales se quejaban de que no podían mantener una conversación en la mesa de al lado sin tener que levantar la voz.
Nos pusimos manos a la obra, realizamos mediciones acústicas y comprobamos bien el espacio, y ahí estaba el problema: había demasiada reverberación causada por superficies duras y rígidas. Por otro lado, los techos altos no tenían ningún tipo de tratamiento acústico. Nada que no se pudiese solucionar, claro está, pero había que actuar en varios puntos a la vez.

Sabiendo todos estos datos, podemos diseñar un plan centrado en bajar el tiempo de reverberación de forma muy notable, consiguiendo así que se entendiese mejor la voz y que el sitio ganase en confort. Propusimos unos paneles fonoabsorbentes en el techo y en puntos clave de las paredes — pero no solo pensando en la parte acústica, también en que todo encaje con la decoración del local, porque al final del día, este local es un restaurante y tiene que seguir viéndose bien.

Hablamos con el cliente para poder trabajar fuera del horario de servicio. Buscábamos no interrumpir su actividad en ningún momento. Protegimos el mobiliario, despejamos las zonas donde ibamos a intervenir y delimitamos bien las áreas de trabajo — con un local de hostelería siempre hay que ir con cuidado extra en eso.

La instalación se realizó en un plazo con márgenes bastantes ajustados, con unos paneles fonoabsorbentes de alta densidad fabricados con materiales sostenibles y pensados para espacios con mucha ocupación y que estén cerrados, como puede ser el caso de un restaurante. Los colocamos con una precisión infalible, tanto para que funcionasen bien a largo plazo por un lado como para que la fijación no se notase y no rompiese con la estética del local por el otro.

Una vez terminamos la instalación, podemos revisar todo el sistema para confirmar que los paneles estaban todos bien colocados y cumpliendo con su rendimiento como tocaba. Y el resultado fue justamente el que buscábamos: el ruido ambiental bajó de forma considerable, el confort acústico mejoró, y la experiencia de los clientes ahora era mucho más enriquecedora. De hecho, desde entonces el restaurante no ha vuelto a recibir quejas por el ruido — algo que, según nos contaron, sí que se nota en cómo valoran el sitio los propios comensales.

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