Aislamiento de cubiertas: la clave para el confort en áticos, dúplex y unifamiliares

Si vives en una vivienda unifamiliar, un ático o incluso en el último piso de un edificio, ya sabes de qué va esto: en invierno tu casa está helada, y en verano el calor es insoportable. Llevo años analizando viviendas con este mismo problema y casi siempre la causa que identificamos es la misma — la cubierta se encuentra o sin aislar, o mal aislada. El aislamiento de cubiertas es una de las intervenciones con mayor relevancia en el confort de una vivienda, y, sin embargo, sigue siendo de las que más dudas generan entre los propietarios. “¿Hay que levantar la teja?” “¿Existen opciones que no impliquen obra?” “¿Cuánto cuesta aislar una cubierta como es debido?” Tranquilos, voy a intentar responder a todas vuestras dudas, porque cada cubierta es un mundo.

Qué es una cubierta, y por qué falla tanto

La cubierta es básicamente el elemento que cierra el edificio por arriba, el “techo” que se ve desde fuera — la parte que aguanta la lluvia, el viento, el sol y el frío. Puede ser plana, como es el caso de las azoteas típicas de edificios de pisos y zonas mediterráneas, o inclinada, como los tejados de teja que vemos en las viviendas unifamiliares y chalets, sobre todo en sitios con más lluvia o nieve. Da igual el tipo: en ambos casos la cubierta separa el interior del exterior, y también en ambos casos, si no está bien resuelta, se convierte en el punto por donde más energía se puede fugar de la vivienda.

Tanto las viviendas unifamiliares como los últimos pisos comparten un problema de fondo, y es que están en contacto directo con esa cubierta. Eso da lugar a unas consecuencias que se notan en el día a día: son las estancias más frías durante el invierno, las más calurosas en verano, y las que más gastan en calefacción y aire acondicionado comparadas con cualquier otra de las plantas del edificio. El motivo es puramente físico, el calor sube y busca salir por arriba. Una cubierta sin aislar puede llegar a ser responsable de hasta el 30% de las pérdidas energéticas totales de la vivienda — un dato que pilla desprevenida a mucha gente cuando lo digo en las visitas. En verano pasa lo contrario, la cubierta acumula el calor del sol durante horas y luego lo va soltando hacia el interior, como una plancha que tarda en enfriarse.

El resultado, en la práctica, es que pierdes por dos lados: pierdes confort de forma muy perceptible, y pagas más cada mes en la factura. Con los precios de la energía tal y como están, aislar la cubierta es una de las inversiones con mejor retorno que puedes hacer en una vivienda.

Las 3 opciones para aislar una cubierta

No hay dos cubiertas iguales, ni dos viviendas con la misma situación de partida, así que a la hora de plantear cómo vamos a aislar, tenemos tres caminos posibles, cada uno con su nivel de obra, su coste y su momento adecuado.

Opción 1: aislamiento bajo la teja

Consiste en desmontar la teja, colocar el aislante sobre el soporte estructural y volver a montar la teja encima. El resultado técnico es uno de los mejores que existen — aislamiento continuo, sin puentes térmicos —, pero el precio a pagar es una obra con un peso de verdad. Al levantar la teja hay que tocar los remates perimetrales, chimeneas, canalones, limahoyas y cualquier otro elemento de remate pueda tener la cubierta.

Por eso esta opción tiene sentido, sobre todo, cuando la cubierta ya pide a gritos una reforma integral por otros motivos: tejas rotas, problemas de impermeabilización o goteras que se repiten. Si de todas formas vas a tocar la cubierta, aprovechar para meter un aislamiento es una decisión que no tiene vuelta atrás — y créeme, suele salir a cuenta.

Opción 2: falso techo de pladur con aislamiento insuflado

Cuando no hay ningún hueco entre el faldón de la cubierta y el techo interior, la solución pasa por montar un falso techo de pladur y rellenarlo. En Envolvia recomendamos rellenarlo con un aislamiento insuflado y no con paneles o mantas, porque el material en copos se adaptará a cualquier irregularidad del espacio y llena hasta el último rincón. Con paneles rígidos es mucho más sencillo que queden discontinuidades, es decir, zonas donde el aislamiento pierde efectividad sin que se note a simple vista.

El inconveniente aquí es que pierdes la altura de la habitación, y normalmente hay que repasar también la instalación eléctrica antes de cerrar el falso techo.

Opción 3: soplado de aislamiento en el bajocubierta

Esta es la que más recomendamos como primer paso, y la que se lleva la mayoría de nuestros trabajos. En la mayoría de cubiertas inclinadas suele haber un espacio entre el faldón de teja y el techo horizontal de la vivienda — a eso lo llamamos bajocubierta. El trabajo consiste básicamente en acceder ahí dentro y soplar el aislamiento directamente sobre el techo, repartiéndose así de forma uniforme por toda la superficie.

Es rápido, se hace en unas horas y sin obra. El coste es bastante más bajo que las otras dos opciones, precisamente porque es mínimamente invasivo. El reparto es continuo, por lo que se eliminan los puentes térmicos que sí aparecen con sistemas de paneles rígidos. En la mayoría de los casos, además, no hace falta una licencia municipal.

Qué materiales usamos para el soplado de cubiertas

Trabajamos sobre todo con celulosa proyectada y lana mineral en copos. Ambas tienen buenas propiedades térmicas y acústicas, además, aguantan bien el paso del tiempo. La celulosa está hecha a partir de papel reciclado tratado, tiene una huella de carbono muy baja, una buena inercia térmica y un precio justo. La lana mineral destaca por ser ignífuga. Por otro lado está la lana de roca, que es prima hermana de la lana mineral pero con mayor densidad — eso le da una mejor inercia térmica, así como un mejor comportamiento acústico, lo cual es algo a tener en cuenta si además del frío te preocupa el ruido de la lluvia sobre la teja.

Para quién compensa aislar la cubierta

Casi para cualquiera. Si tu vivienda tiene más de 10 años, es muy probable que la cubierta esté por debajo de lo que pide la normativa actual. Y en viviendas de antes del 2000 es habitual encontrarnos con que directamente no hay ningún tipo de aislamiento.

Lo que nos reportan de forma constante los propietarios que han hecho esta mejora un mayor confort tanto en invierno como en verano, una bajada notable en su factura de calefacción y aire acondicionado, y una mejora en la calificación energética de la vivienda. Según el punto de partida y el sistema de climatización que tengas, el ahorro puede llegar a moverse entre un 20% y un 40% del consumo destinado a climatizar la casa. No es poco.

Una mejora que se paga sola

El aislamiento de cubiertas es de las intervenciones más rentables que puedes hacer en tu vivienda. Si vives en una vivienda unifamiliar, un ático o el último piso de un edificio, esto tiene un impacto directo en tu día a día y en lo que pagas cada mes.

En Envolvia llevamos años resolviendo cubiertas de este tipo, y hacemos un estudio personalizado para cada caso antes de recomendar nada. Si quieres saber qué opción encaja con tu vivienda, contacta con nosotros sin compromiso — el primer paso suele ser más sencillo, y más barato, de lo que la gente se imagina.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *